La
pipa descansa de costado sobre la receta, inmaculada de tabaco, como si su
último bautismo en whisky (para saborizar la madera) hubiese terminado por
ahogarla. Su médula, astillada por los humores ajenos, terminó sucumbiendo a
los errores de cálculo de una mano que la llenara una y otra vez, empujada por
aquel mismo whisky bautismal. La ansiedad o el aburrimiento la ha llevado a un
entierro prematuro, como al revólver con el que comparte sepulcro, cuyo humo,
por el contrario, nunca se ha encendido en el paladar aunque no le haya faltado
contemplación a la idea. Y aún así (tan cercanos y tan dispares) ambos han sido
entregados al fumador por manos amigas.
VII El modelo del cerebro “triúnico” propone, para explicar su evolución, una división del cerebro en tres partes interdependientes, cada una con su propio tipo de inteligencia especializada en el control de ciertos comportamientos. El mal llamado “cerebro reptiliano” es una de estas divisiones (junto con el sistema límbico, o “cerebro paleomamífero” y el neocórtex), e incluye el tronco encefálico y el cerebelo, encargados, en primera instancia, del control de los músculos, el equilibrio y las funciones autonómicas (latir del corazón, respiración). Y, según el neurocientífico Paul D. MacLean, propulsor del modelo, encargados también de los comportamientos más básicos para la supervivencia: agresividad, dominancia, ritos de cortejo, territorialidad. MacLean encuentra, a través de la neuroanatomía comparativa, que la capa más primitiva o baja del cerebro humano tiene un análogo en la estructura del cerebro de los reptiles, en la que prima, y de allí le da su nombre. Si bien numero...
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