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La máquina de Evolución

Una de las cosas que nos regala el verano es la lectura distendida. En mi último viaje a la costa (para parafrasear a quien nombrare después) tuve el inesperado placer de ligar dos clásicos sin conexión aparente,solo a través de mi lectura. “La máquina del tiempo” de H.G. Wells, clásico de la ciencia ficción que innumerables veces me recomendó mi padre, y cuya transcripción cinematográfica siempre adoré; y la “Autobiografía” de un Charles Darwin de 66 años, cuya importancia sobra remarcar. Quizás las conexiones no se hagan tan patentes ahora como lo fueron en el fragor de la lectura, pero me permitiré algunas observaciones, que aunque delirantes, encuentro fascinantes. En primera instancia llamó mi atención la geografía. Sobre las primeras hojas de la “Autobiografía” tenemos a un Charles que se recuerda de niño, travieso, piadoso y con un gusto innato por las colecciones. Pareciera que es el niño mismo quien habla. Pero a medida que el manuscrito progresa (siempre teniendo en cuenta ...

Caminito

Dejé Caminito y me agarró como al pasar. Era una tanguera jovencita, de negro, ojos ámbar. Me dijo que la mirara y me apedé. Así y asá, y un compadre la tomó. Fuimos una foto, una vueltita, y un cumplido: Ojos tristes, labios rojos, pies chiquitos, piernas largas. Giro y giro y reposaba, como una muñeca apuñalada por la calor. Alguien largó un mango y lo agarró, como en el aire , con el funyi. Y me pareció quererme a mi mismo en ese cuero-cuore carcomido.

Friedrich

Sos ese profeta triste que llora el día que descubre a un amigo. Sos ese alemán no alemán que transpira Barroco y que es de Sócrates mortal enemigo. Sos ese humano que se cree demasiado y que es un destino. Sos ese anticristo de trágica cuna que será siempre un niño. Sos el retorno de vos mismo, el primer superhombre, el martillo de Dionisio. Sos el del bigote y las ideas liberales: Ese soldado prusiano que destroza ídolos (e ideales). Sos un loco, un enfermo, un poeta. Sos ese otro Prometeo que le devuelve al hombre su logos y a los dioses sus lágrimas.

"Sin música la vida sería un error." (Friedrich Nietzsche)

Pulso

Somos peces en corales aislados, retorcidos. Somos glóbulos rojos , que no cierran herida alguna. Somos marea y sangre fluyendo en venas de concreto. Somos el metal, y somos la oxidación. Somos el pulso perdido/acelerado del lodazal/ciudad.