Tras
posarse unos instantes sobre el hombro de la enorme estatua de bronce el diente
de león cae en espirales. Un niño lo observa ensimismado, desatendiendo el
helado de frutilla que poco a poco se calienta en su mano. Espera que el diente
de león vaya hacia él, puesto que no puede perseguirlo. Tras la barandilla
sobre la que observa, apenas más baja que él, el vacío se le interpone. La
estatua, aunque a su misma altura, parece flotar en el aire sostenida por una
delgada columna que se pierde en la distancia, mucho más abajo que las nubes
más altas. El suelo bajo los pies del niño también flota en la altura, inmóvil.
El diente de león planea débilmente sobre la base de la estatua y amenaza con
caer hacía las nubes, pero no lo hace. Un pequeño dirigible pasa tras la
estatua, silencioso en su avance, y se pierde nuevamente en la lejanía celeste.
El niño vuelve la atención al diente de león y lo encuentra a pocos palmos de
la barandilla. Estira su mano libre para tomarlo y sin querer deja caer su
helado. Allá abajo algún otro niño llorara lágrimas rosas por no poder alcanzar
a sus ídolos. Al abrir la mano advierte que el diente de león se ha aplastado,
pero aun así acude rápidamente a mostrárselo a su madre.
VII El modelo del cerebro “triúnico” propone, para explicar su evolución, una división del cerebro en tres partes interdependientes, cada una con su propio tipo de inteligencia especializada en el control de ciertos comportamientos. El mal llamado “cerebro reptiliano” es una de estas divisiones (junto con el sistema límbico, o “cerebro paleomamífero” y el neocórtex), e incluye el tronco encefálico y el cerebelo, encargados, en primera instancia, del control de los músculos, el equilibrio y las funciones autonómicas (latir del corazón, respiración). Y, según el neurocientífico Paul D. MacLean, propulsor del modelo, encargados también de los comportamientos más básicos para la supervivencia: agresividad, dominancia, ritos de cortejo, territorialidad. MacLean encuentra, a través de la neuroanatomía comparativa, que la capa más primitiva o baja del cerebro humano tiene un análogo en la estructura del cerebro de los reptiles, en la que prima, y de allí le da su nombre. Si bien numero...
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