Hoja en
blanco. El perro negro ladra a los hombres vestidos de rojo. Ladra, para quien
lo viera en la distancia, a coloridos globos rojos, flotando a algunos pies del
suelo, empujados por una perfecta briza invernal. La baba del perro cae sobre
el terso césped verde. Las gotas caen espesas y reposan sobre la superficie
elástica de la hierba. Algunas de ellas son rápidamente absorbidas y robándole
al césped su tinte azulado reflejan el océano en la altura. Saltando de diestra
a siniestra el perro no deja de ladrar a aquellos que ahora se internan en un
inmenso campo de girasoles. Los girasoles parecen seguirlos con la mirada,
formando tres círculos que se desplazan junto a ellos. Asoma el hocico del
perro cada vez que intenta saltar sobre los gigantes dorados para no perder de
vista los globos. Los hombres se detienen al ingresar en un triángulo de tierra
sin girasoles. En medio del triángulo se yergue una columna de marfil blanco,
de la misma altura que los girasoles, y sobre ella un alfiler, blanquísimo también,
que flotando a un palmo de la columna apunta al norte. El perro deja de ladrar.
Los globos se acercan al alfiler sin detenerse y formando fila se presionan
unos a otros contra el extremo sin punta. Una vez que todos reventaron el perro
orina la columna.
VII El modelo del cerebro “triúnico” propone, para explicar su evolución, una división del cerebro en tres partes interdependientes, cada una con su propio tipo de inteligencia especializada en el control de ciertos comportamientos. El mal llamado “cerebro reptiliano” es una de estas divisiones (junto con el sistema límbico, o “cerebro paleomamífero” y el neocórtex), e incluye el tronco encefálico y el cerebelo, encargados, en primera instancia, del control de los músculos, el equilibrio y las funciones autonómicas (latir del corazón, respiración). Y, según el neurocientífico Paul D. MacLean, propulsor del modelo, encargados también de los comportamientos más básicos para la supervivencia: agresividad, dominancia, ritos de cortejo, territorialidad. MacLean encuentra, a través de la neuroanatomía comparativa, que la capa más primitiva o baja del cerebro humano tiene un análogo en la estructura del cerebro de los reptiles, en la que prima, y de allí le da su nombre. Si bien numero...
Comentarios
Publicar un comentario