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La Ginoidea: Cap. I (Superviviente)

Alzó la vista hacía la noche perpetua. La galaxia Andrómeda brillaba en el medio del cielo, en un ángulo de casi cuarentaicinco grados, detrás de la tenebrosa masa de nubes inmóviles. Se tomó las rodillas para levantarse y las sintió frías. Tomó impulso y se puso de pie. Desde la lejanía una tormenta de arena corría a su encuentro, rojiza y violenta, tapándole el horizonte. Intentó llamar por ayuda pero no salió sonido alguno. Se esforzó por comenzar a andar y sintió un fuerte dolor en la nuca que lo hizo tambalearse. Sintió el aire caliente que traía la tormenta y pronto buscó refugio. Veía piezas metálicas encendidas con fuegos azules todo a su alrededor, piezas irreconocibles cuyas almas de máquinas se extinguirían una vez que la tormenta barriera el lugar. No podía recordar su propia existencia, ni lo que lo había llevado allí, ni las instrucciones que debía seguir. Todo lo que le quedaba era refugiarse, por lo que rápidamente corrió hacía un túmulo de piezas metálicas y comenzó...

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La receta

     La receta de pollo al disco enarbola la manuscrita del suegro del muchacho a la izquierda en la foto de la computadora. Escrita en papel madera, posiblemente un trozo de la bolsa en la que se comprara alguno de sus ingredientes, parece haber sido corregida varias veces. Sus proporciones han sido modificadas, quizás tras la difícil rememoración de una gastronomía estimativa. Su ubicación en ese cajón, en esa habitación, y no en la cocina, refuerza la suposición de que se la ha ganado a fuerza de confianza a quien no la revelara con facilidad, posiblemente tratándose de una receta familiar o de un plato sobresaliente. Puede irse más lejos y pensarse que aquella misma mano que la escribiera lo habría hecho por culpa, tras fracturar la pipa prestada por forzarla a una combustión excesiva.

Los dados

    Los dados son poliedros lúdicos y caprichosos como los juegos de mesa dispares de los que han sido tomados, sin duda debiéndose a ello la diferencia en sus tamaños. De tez blanca y llenos de lunares han rodado inseguros, de cara al destino, con más lentitud el más grande, más ágil el pequeño. A pesar de ello ambos comparten extremos redondeados, los mismos valores, y la tendencia de darle pequeñas alegrías a su dueño cuando trabajan en conjunto.      Ligados a aquel destino mayor que los hace girar, parecen completar el quinteto de un juego de Generala, quizás jugada en la sobremesa del asado al que también se llevara el conjunto de cuchillo y tenedor, o en el que se habría estrenado la receta ahora bajo ellos.

El conjunto para asado

   El conjunto para asado se ha hundido en la carne cocida de numerosas bestias. Tanto el cuchillo como el tenedor bidente han sido las herramientas con las que se saciara el capricho por la carne, principalmente vacuna pero también porcina, ovina y caprina. Carne que el propietario de los utensilios viera, en una ocasión, morir él mismo en un matadero automatizado, que por automatizado la resultara aún más nefasto que el de Echeverría, pero que aun así no le quitara el hambre. La hoja del cuchillo, con el filo aun listo para lacerar, demuestra el paso del tiempo y el afilamiento en la perdida de volumen sobre el principio del mango, como si la falta de uso lo hubiese dejado a él mismo famélico de acero inoxidable. El tenedor en cambio es más difícil de descifrar, quizás por cumplir un papel relativamente secundario. Sus dos dientes han cumplido con la tarea de punzar la carne y devolverla a la parrilla cuando la transpiración de la sangre superara la expectación de un buen ...

El segundo cajón

El segundo cajón solo es significativo por su contenido. Además del mazo de cartas, prolijamente ubicado a la diestra de quien lo inspeccionara tras tirar de la manija plateada, una serie de objetos saltan a la vista: un conjunto de cuchillo y tenedor para asado con las iniciales J.L.B., dos dados de diferentes tamaños sobre un papel con una receta para pollo al disco, una pipa de madera quebrada a la mitad, un revolver calibre treinta y ocho, y un sacacorchos con la punta pintada con una gota de sangre. Por sí mismo el cajón no es más que un acaramelado vacío rectangular, cuya pequeña manija plateada, a modo de moño, lo hace parecer la caja de un regalo envuelto en papel color crema. Y quizás sea su verdadera función, más que proteger los objetos que conviven forzosamente dentro de él, regalar ese vacío de sentido a la mirada intrusa que busca comprender el todo por las partes. Vacío dulce que da lugar a una explosión de sentidos posibles que nunca se detendrá verdaderamente.  ...

El mazo de cartas

El mazo de cartas españolas esta considerablemente en buen estado, todavía en su caja original, allí en el segundo cajón del modular. De las cincuenta cartas solo los comodines, nueves y ochos escapan al humo de habano que se ha acumulado en los márgenes, y de los dobleces paulatinos de sus esquinas, pero ninguna de las marcas en sus lomos, nacidas de los reiterados intentos de conferirles un azar pasajero. A pesar de ello los ojos que solieran repartirlas sobre la mesita de vidrio se han esmerado en ignorar tales cicatrices delatoras, llevando a cabo un dulce olvido al momento de ver la mano enemiga. Su dorso barroco en tonos escarlata ha sido jugado en todos los juegos imaginables y aun así han aburrido a la mano que las dispensara. Por ello han terminado encerradas en la monótona oscuridad de ese cajón una vez perdida la incertidumbre que las definiera, y solo han servido para recordar a dos reinas, una real y una imaginada, vestida la primera de blanco y la segunda también de es...

El potus

    El potus es el brote trasplantado de una planta de más de cincuenta años, que nunca alcanzó la madurez. Amarillo y retorcido allí en la esquina de la habitación, recuerda que se lo regó por última vez con el agua helada de tres hielos olvidados en un vaso de whisky, sin poder precisar cuando. Y aun así continua aferrándose a su pseudo existencia, como hacen todas las cosas que nunca dejan de ser salvajes.        La tierra donde se hundían las raíces se ha resecado como sangre coagulada, y las hojas han bajado la cabeza, como deslizándose en un último intento final hacía la tierra inalcanzable bajo la alfombra, el parquet y el cemento. Pero el potus, testarudo por naturaleza, se niega a aceptar la derrota inefable, e intenta, lo mejor que puede, pelear por mantener su verdor contra el paso del tiempo y el hambre, que con el mismo color amarillo viejo del mazo de cartas en el modular, se come sus hojas una a una sin posibilidad de retruco....

Los cuadros

Los cuadros presentan motivos dispares, como las alturas a las que están colocados. El de la izquierda, el más bajo y cercano al perchero, cargado de tonos azules y dorados, es un viejo barco en una playa lejana, como visto desde mar adentro con el sol detrás. Por sobre el barco oxidado parece flotar estática una bandada de gaviotas, o la intuición de una bandada de gaviotas en la distancia, en nueve aladas pinceladas para quien se detuviera a contarlas, sin orden aparente, y sin contar las tres que descansan sobre el barco. El cuadro de la derecha, ubicado contiguo al anterior pero con la base a la altura de la playa, es por el contrario mayormente verde y marrón. Representa lo que parece un bosque de bambúes, indistinguibles entre sí y por lo tanto incontables, apartados a los lados por un camino de piedras que invita a ser transitado con la mirada. Las piedras del camino encajan unas con otras contra la tierra desnuda hasta desaparecer en una curva en la distancia, cruzadas alt...