Ir al contenido principal

La billetera

La billetera está repleta. El cuero desgastado esta tenso. Varios billetes de cincuenta pesos se agolpan unos contra otros en el compartimiento más amplio, y algunos de veinte, doblados sobre sí mismos, parecieran acomodados para su uso inmediato. Salvo por el dinero no hay mucho más en los compartimientos pequeños: un carnet de conducir, media foto de una mujer, una foto de dos niños pequeños, un anillo de bodas y dos números de teléfono anotados en velocidad sobre un trozo de papel de diario.
Abandonada, u olvidada, en el profundo bolsillo de un saco colgado en un perchero de pie, la billetera siente su propio peso y lamenta su vientre hinchado, y el cuero sede, apenas perceptible, con el pasar de las horas.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Máquinas Salvajes VII

VII El modelo del cerebro “triúnico” propone, para explicar su evolución, una división del cerebro en tres partes interdependientes, cada una con su propio tipo de inteligencia especializada en el control de ciertos comportamientos. El mal llamado “cerebro reptiliano” es una de estas divisiones (junto con el sistema límbico, o “cerebro paleomamífero” y el neocórtex), e incluye el tronco encefálico y el cerebelo, encargados, en primera instancia, del control de los músculos, el equilibrio y las funciones autonómicas (latir del corazón, respiración). Y, según el neurocientífico Paul D. MacLean, propulsor del modelo, encargados también de los comportamientos más básicos para la supervivencia: agresividad, dominancia, ritos de cortejo, territorialidad. MacLean encuentra, a través de la neuroanatomía comparativa, que la capa más primitiva o baja del cerebro humano tiene un análogo en la estructura del cerebro de los reptiles, en la que prima, y de allí le da su nombre. Si bien numero...

Manuscript found in Lord Byron’s bookcase

                                                                                                                                                                                                                            To Percy, light upon his waterbed.     I’m the Scorpion King.   Beware, not the Camel King, nor, albeit my rattling ways, a snakish one.   My reign is a desolate wasteland which I, myself, have created. Where du...

Reading stories

You think reading  stories  is not worth the hassle,  but we’re made  of them.  The pictures you hold  in your gloomy head  that compose the narrative  of your life  and give it sense  are a story.  That ethereal memory,  at the back of your eyes,  of holding onto her  at a day’s end  it’s fiercely recalled  now  as a story.  How your parents met.  How you came to be.  How those before  those before  were,  is told as a story.  The plain anecdote.  The stinging complaint.  The trivial recount  with which  you explain yourself  to your friends: all things  experienced  owe their hold  of the soul  to storytelling.