jueves, 18 de febrero de 2016

Millennial 43 (Héctor y Helena)

Podría estar horas viéndola bailar. Ese vestido de lunares se lo había regalado él. Le da un sorbito a su vino blanco. Había estado varias semanas cuidando su figura para poder usarlo en ese cumpleaños. No sabe cuántas veces lo planchó, pero le quedaba pintado. Él tenía puesta una corbata de lunares para combinar. Mira su vaso. Le da otro sorbito. La música es horrenda, pero le gusta verla feliz. Para variar.
Un hombre de la mesa de al lado que se dirige al patio lo ve solo y le ofrece un cigarrillo toscano. Avanti. El declina cordialmente bromeando que el humo haría que se le subiera el alcohol a la cabeza. El hombre ríe y le señala que recordaba verlo fumando habanos. Él le explica que a ella no le gustaba. El hombre lo entiende y tras mirar de reojo a su mesa continúa hacia el patio. Le da el sorbito final a su vaso.
Hacía mucho que no la veía tan feliz. Siempre tuvo mucha energía. El por otra parte… Mira de reojo la botella en el centro de la mesa. Hace el esfuerzo de servirse agua. Le da un largo trago. El cumpleañero también parece pasarlo bien. Hace rato que baila con su mujer, no muy lejos de ella. Se le nota la transpiración en la espalda y la frente. Cincuenta años. El tiempo se filtra entre los dedos como agua.
Una nena que no puede tener más de cinco años se le acerca vergonzosa y le da un alambre de corcho. Dice que la mamá le dijo que él sabía hacer hombrecitos de alambre, y señala a una mesa del otro lado de la pista de baile. Una mujer le devuelve la sonrisa que se le escapa a él. Agarra el alambre y le dice a la nena que mire atentamente. Lo desarma, lo estira, lo dobla sobre sí mismo. Tiene dedos fuertes. Después se lo acomoda en la mano de forma que queden tres curvas, la del medio pasando por su dedo medio. Lo retuerce para hacer los brazos y la cabeza, y después dobla las puntas para hacer las piernitas. La niña está encantada pero le resultaría casi imposible emular el proceso aunque lo recordara. Antes de entregárselo toma una pequeña flor amarilla de plástico del centro de mesa y le dobla el tallo para que sea la cara del hombrecito. La nena rubia corre feliz a mostrárselo a su mamá.  
Ella sigue bailando. Y el recuerda porque se casaron. Ella hace que esa música horrible no sea tan mala, moviendo sus piecitos de un lado para otro. Una pareja se acerca a la mesa y se despide. Él les pregunta porque se van tan temprano y ellos le responden que los chicos se están muriendo de sueño. El agrega que fue un placer verlos, y que no duden en pasar a visitarlo cuando vuelvan a pasar por la ciudad. Ojerosos pero felices los cuatro interrumpen brevemente al cumpleañero para despedirse y desaparecen en la noche, todos de la mano. Que daría por volver a vivir eso. Porque ella recuperara algo de esa felicidad. Héctor se termina el agua de un trago, se levanta y tira el bastón: ¡se acordó de que la ama! ¡Qué mejor lugar para recordárselo que en el cumpleaños de su hijo! Agarra una flor roja del centro de mesa y corre hacia ella. Helena lo ve venir sorprendida y él le pide permiso a su pareja de baile (su nieto de siete) para bailar esa pieza. Después le pone la flor en el pelo, y empieza a mover los pies lo mejor que puede. Helena le devuelve la sonrisa con un abrazo que pone en evidencia su pequeñez en relación a la mole de su marido. Héctor le da un beso y su hijo mayor inicia un aplauso que pronto se contagia a toda la habitación. Qué vergüenza… al día siguiente todo el mundo alabaría el vestido y el matrimonio de “La Helenita”, en ese orden.            

Millennial 42 (Zapping)

Sentado en un sillón doble frente a un televisor un hombre que no debe pasar los cuarenta se desabrocha el cinturón y tira la corbata que hace segundos tenía puesta sobre la mesa ratona a sus pies. La mesa esta tan atiborrada de cosas que el bollo de la corbata resbala y cae al piso. El hombre la mira unos segundos. Se levanta, la agarra, y la tira sobre el sillón vacío a un costado del en el que él se sienta. Luego tira sobre ella su camisa blanca. Se vuelve a sentar y se inclina sobre un costado del sillón para agarrar la bolsa con la comida que compró a la salida del trabajo. Saca el paquete de la bolsa plástica y un sándwich de lomo completo del paquete. Se le hacen agua los ojos. Entonces se da cuenta de que no agarró las servilletas. Le pega la mordida más grande de la que es capaz al sándwich y busca algo en la mesa ratona. Apoya el lomo sobre una serie de papeles llenos de nombres y números y sale al trote (todavía masticando) hacia la cocina, que queda detrás de él. Toma algunas servilletas de arriba del microondas, y cuando está por emprender la carrera de regreso se detiene en seco. After a brief eureka moment abre la heladera y saca una latita de cerveza escondida en el fondo. Se sienta, rápidamente abre la cerveza y le da un largo trago, toma el control remoto de la tv metido entre los almohadones del sillón, la enciende. Irá alternando entre el sándwich y la cerveza con la derecha mientras mantiene el control en su izquierda para poder cambiar de canal.
Lo primero que ve es una vista desde la altura de la ciudad en la que se encuentra. Es el canal meteorológico. Lloverá todo el fin de semana. Casi no hay gente en la calle, pero todas las casas y edificios están iluminados. Todos. Los autos de alta gama son cada vez más feos. Cambia de canal.
Resultados del último partido de unos equipos futbolísticos españoles que nunca había escuchado nombrar. Aparentemente se lesionó un arquero al atajar un bombazo de un delantero. Y los comentaristas no escatiman en resaltar “bombazo”. Cambia de canal. 
Una novela sobre dos hermanos curas que se enamoran de la misma monja. La monja los duplica en edad, aunque tiene buenas piernas. Se le hace que las sotanas no son tan cortas. Cinco de la tarde, todas las tardes por canal… Cambia de canal.
Otra novela, esta vez sobre gente rica que se enamora de gente pobre, o bise versa. Él es el terrateniente de una inmensa plantación de tabaco, y ella una humilde profesora de jardín de infantes. Ambos se esmeran en ir a caballo a todos lados a pesar de vivir en pleno siglo XXI. Cambia de canal.
Un programa sobre manualidades y recetas super fáciles para cocinar con tus hijos. Cambia de canal.  
Una pequeña orquesta toca milonga en un festival. El pueblo queda ridículamente lejos. Todos tienen bigote, hasta la mujer que baila con un mocito en el medio del escenario… Podría jurar que uno de los del fondo se quedó dormido. Probablemente el totin. Cambia de canal.
Una película de acción vieja. Todo explota, todo el mundo está aceitado y todo el mundo sabe pilotear aviones de combate. Cambia de canal.
Una película de ciencia ficción vieja. Todo explota, todo el mundo es secretamente un alienígena y el universo gira en torno al Planeta Tierra. Reconoce a Eva Sageinstein y se le viene la adolescencia encima. Cambia de canal. 
Programa polideportivo que se dedica durante media hora, dos veces por semana, a alabar al legendario jugador de bochas local. Cambia de canal.
Noticiero. Lloverá todo el fin de semana. Tres asaltos a la misma pollería en setentaidós horas. El dueño cree que la idea de los ladrones era robar las pollerías de la zona, pero se confundieron y robaron tres veces la misma. Cambia de canal.
Un dibujo animado sobre un niño mono que puede volar sobre una nube y es inmune al fuego. Cambia de canal.
Tráiler de una película que tanta gente fue a ver al cine que ahora puede permitirse la putrefacción en la pantalla chica. Cambia de canal.
Un programa que debate la información del anterior programa sobre el resultado del partido de los equipos españoles. Y mantiene la posición opuesta, llamando al delantero “asesino”. Cambia de canal.
Una propaganda sobre un coso.
Canal agropecuario. El virus del pollo loco esta diezmando la población aviar de la zona. Se espera una importante suba en el precio del pollo y productos asociados. No se olvide de sintonizar el próximo viernes para… Cambia de canal.
Un programa de cocina en el que el chef es asiático. Cambia de Canal.
Un programa de cocina en el que el chef es italiano y viaja por el mundo probando comidas exóticas y puntuándolas en su escala de “Paninis”… Tremendo pelotudo. Cambia de canal.
Un reality show sobre mujeres rubias que tienen trillizos. Cambia de canal.
Una película de Chaplin, The Great Dictator, de 1940, y ese discurso: Soldiers! don’t give yourselves to brutes, men who despise you, enslave you, who regiment your lives, tell you what to do, what to think and what to feel!” Le cuesta bajar el sandwich. Don’t give yourselves to these unnatural men, machine men with machine minds and machine hearts! You are not machines! You are not cattle! You are men!” Cambia de canal.
Canal sobre filosofía y literatura… en el que están haciendo un especial sobre Paulo Coe... Cambia de canal.
Una propaganda sobre una cuchara-cuchillo. Cambia de canal.
Una película infantil en 3D sobre un avión que habla y al que le dan cosquillas llevar pasajeros. Su mamá es un helicóptero y su papá un globo aerostático con bigote. Cambia de canal.
Canal evangélico en el que un predicador brasileño asegura vender un aceite que… Cambia de canal.
Una serie basada en la Guerra de las Dos Rosas en la que todo el mundo le teme a un gigante y sus dragones de oro. Cambia de canal.
Canal de automovilismo en el que pasan una carrera de fórmula uno patrocinada mayoritariamente por una empresa que se dedica a los desodorantes para mujer. Cambia de canal.
Un programa de música del tipo que decide cual va a ser la “canción del verano”. Luces, flores, y muchos colores. Parece que esta vez la banda femenina “Las cutículas” la rompieron. Cambia de canal.
Un show de baile sobre brazas en el medio del Caribe. Cambia.
Otro noticiero que repite lo que decía el anterior e informa que parece que los ladrones tuvieron un enfrentamiento entre ellos al momento del robo, basado en la información que pudo adquirir el forense de la escena del crimen. Cambia. 
Un campeonato de interpretación de sueños. Todo el mundo parece soñar con perros negros, escaleras y aviones que hablan. Cambia.
Canal dedicado a la transmisión continúa de viejos partidos de ajedrez en los que el hombre pierde contra la máquina.
Una película sobre dos amigos que descubren una ciudad que no existe en una enciclopedia. Ya la vio. Vive en esa ciudad. Cambia.
Un canal con barras de colores, en el que se lee únicamente: “No signal.”
Una película sobre dos amigos que descubren una ciudad que no existe, uh, ese canal esta repetido. Cambia.
¡El controversial show “Hámsters con navajas”, en el que un grupo de hámsters pelean a muerte por la GLORIA!... No es lo mismo desde que se retiró Mefistófeles. Cambia.
Un programa cómico en el que todos los participantes deben contar sus chistes imitando a algún presidente. Cambia.
El legendario unplugged de Nirvana. Cuando todavía estaba Dave… Cambia.
Un programa de chismes en el que un panel expone los nuevos detalles de la turbulenta relación entre dos celebridades que nadie recuerda. Cambia.
Programa de moda dirigido por una adolescente que no cesa de repetir que el rosa es el nuevo negro. Seguido por una propaganda de pañales. Cambia.
Película de terror con personajes que carecen de cualquier tipo de complejidad psicológica, y que siempre están lo suficientemente alejados de la civilización como para sus celulares no tengan señal. Cambia.
Tercer novela. María Magdalena se entera de que su ex pareja, Santiago Bartolomé, es medio hermano de Juan Mateo, su actual pareja. Siglo XXI. Cambia.
Un grupo de aborígenes danzan alrededor de un fuego cantando el nombre del actual presidente. Cambia.
Programa sobre ciencia y tecnología que por alguna razón pensó que era buena idea hacer tres temporadas de una serie sobre los desechos que dejaron en la Luna los astronautas del primer alunizaje. 
Programa sobre las ciencias y la historia que se dignó a responder al otro programa negando rotundamente la veracidad de los dos alunizajes.
Propaganda sobre esas cositas que se ponen las mujeres en el pelo.
Propaganda de una película de acción sobre como diez mil espartanos masacraron a trecientos persas.
Programa cómico de sketches en el que un humorista disfrazado de ex presidente parodia el discurso de los comentaristas de futbol transponiéndolo al político. Cambia.
Boletín informativo que señala que se ha capturado a uno de los ladrones al tener este que hospitalizarse de emergencia por las heridas causadas por otro de ellos. ¿Realmente no habrá nada más importante que informar? A esta altura ya le parece fortuito. Cambia.
Un canal especializado en numismática. Cambia.
Un programa sobre vida salvaje centrado en la poderosa embestida del majestuoso rinoceronte enano. Cambia. 
Dibujo animado sobre las aventuras de un adolescente genio loco y su pobre abuelo.
Un concierto entero del famoso rapero G.U.N. Dalf, acompañado por The Who’ Beats. Un clásico. Cambia. 
¡Finalmente un canal se digna a pasar una repetición del partido de los españoles!... Pero no reconoce a nadie. Cambia.
Un dibujito animado en el que la perrita Lupita ayuda a su dueño a cuidar a los diferentes perros que se van cruzando en sus aventuras. Ese les encanta a sus sobrinos. Cambia.
Canal en un idioma incomprensible que parece enfocarse en el desfile de esculturas móviles hechas de flores. Cambia.
Propaganda en un canal infantil de los nuevos muñecos articulados del rey mono. Ahora con un montón de funciones que no parecen nada seguras como para ser manejadas por infantes. Aunque sean mayores de tres años. Cambia.
Canal de pesca que exalta las virtudes de pescar con pólvora.
Versión “Plus” del canal de chismes anterior con entrevistas y videos exclusivos de las estrellas más relevantes de la farándula actual como si les quedaran boludeces para decir. Cambia.
No tiene idea de que trata el canal en el que va a parar pero se detiene en él porque reconoce a una de las dos personas, pero no puede quite grasp his name. Dos hombres (uno de la misma edad que él) charlan en sillas enfrentadas con varias bibliotecas de fondo. Lo conoce de algún lado, esa cara le suena…se remacha la cabeza, y al verlo prenderse un cigarrillo el esfuerzo da frutos: ¡Es El Gabo! ¡Gabo Novalis! ¡Fueron muy amigos en la secundaria! No puede creer lo cambiado que está. Y pensar que cuando eran chicos le dejaba copiarse en química. Con esa barba y ese traje parece otra persona, y probablemente lo es. El y el entrevistador hablan muy elocuentemente. Le sube el volumen, agarra la latita de cerveza y el envoltorio del sándwich de lomo y corre a la cocina a poner el agua para un café:

- Y ya que estamos en el tema de tus viajes por el sur americano: ¿en qué momento te surgió esta idea de la “pertenencia”, que al fin y al cabo desembocaría en tu última novela?
- Tengo la fortuna de conservar un muy buen mapa mental del momento Joaquín.
- ¿No harías el honor de rememorarla para los televidentes?
- Por supuesto. En ese momento estaba recorriendo el lado este de la Argentina. Justo en esa época dulce de otoño en que hace apenas más frío que el necesario…Ahora que lo pienso soy doblemente afortunado, porque nunca pude señalar, una vez pasada la experiencia, el lugar específico en el que se hallaba el campo contra el que pasé la noche.
- ¡Menuda paradoja!
- Realmente. Pero de alguna forma me alegra, porque implica que no puedo volver, y la experiencia es por ello mismo mucho más hermosa. Volviendo al relato: fue de camino hacia el sur que me vi obligado a hacer noche al costado de la ruta. No me pasó muchas veces, y era menos que idóneo, pero afortunadamente no tardé mucho en encontrar un llano lo suficientemente abierto como para permitirme ubicar mi vehículo con comodidad, y a una distancia prudencial de la ruta. Ya al estacionar adivinaba la silueta de un hombre bajito entre los postes del alambrado. No podía distinguir con facilidad si las tablas lo superan en altura por cuenta propia o porque se hallan apostadas en terreno más elevado (he allí una muestra de mi cansancio), pero cualquiera fuere el caso, la distancia volvía al hombre diminuto. El ocaso lo encontraba yendo y viniendo desde lo que parecían, en la penumbra lejana, y si mal no recuerdo: un aljibe, una huerta y un tinglado.  
Desde mi auto estacionado al margen de su campo mis ojos pronto se acostumbraron a sus pequeños gestos, como rascarse la cabeza al pasar junto al ciruelo, e incluso me habían permitido apreciar la robustez de su órgano nasal, y el espacio que deja entre sus piernas su andar irregular. Tenía toda la noche para seguirlo, enroscado en mi frazada térmica y estiradas las piernas en el asiento del acompañante, pero no pasaban las diez de la noche cuando vi apagarse la última luz artificial, para lo que sin duda sería un sueño que amaneciera con las primeras luces naturales.
Me quede solo entonces con la silueta bidimensional de un desconocido y mis propios pensamientos. Se me ocurrió pensar en el por qué ese hombre está allí, y me detuve en ello aún más que en los cómo o los cuándo. No mucho después vi el calor de mi respiración empañar lentamente las ventanas y me sorprendí habiendo naufragado. Claramente el hombrecito estaba allí por necesidad, puesto que no se me ocurría otra excusa por la que no hubiese emigrado aun a la ciudad (tan aislado estaba ese campito). Algunas de las respuestas tentativas a las que me llevó la contemplación del ciruelo fueron: la necesidad de mantener a esposa e hijos (que bien podrían estar visitando a una tía en aquella misma ciudad, pensé en ese momento) o a una madre envejecida, que por el frío otoñal hubiese escapado a mi mirada.
La idea de una madre envejecida me arrastró a la incomodidad de los cuándo. ¿Cuándo tomó posesión del campo su familia? Me imaginé a tal familia (incluidos esposa e hijos) bajos de estatura y de piel oscura como la tierra, los varones con el mismo imponente naso, y las mujeres, bastante aleatoriamente, con delanteras casi igual de llamativas. Justo cuando empezó a molestarme mi transpiración me vino a la cabeza una idea algo radical que había leído en algún lado: la idea de que la personalidad de la tierra se transfiere a la raza.
Tras mirarme la nariz en el retrovisor me imagine al hombrecito como la última de una serie de ciruelas que compartieran aquel tronco común, luchando tercamente contra la helada nocturna. Me lo imagine, sí, como una ciruela individual, pero que fuera en esencia exactamente igual a las otras. De tal forma yo podría determinar si me gustaban más las naranjas que las ciruelas (que no es el caso) pero eso no haría más sabrosas las unas o las otras. La tierra, siguiendo alguna excéntrica forma de transmigración pitagórica, determinaría, en todo caso, cualidades como el dulzor de cada fruto, su resistencia al frío, o su aptitud para lactar.
- Es claro entonces que la relación de la tierra con el seno materno como leitmotiv, que tantas veces retoma en su obra, tuvo su génesis allí.
- Indudablemente. Aun así me temo que mi primer acercamiento fue excesivamente naturalista. Con algo de suerte aquella figura bidimensional del hombrecito recortado contra el horizonte terminaría teniendo la profundidad que, creo, se merecía.
Desistí pronto de figurarme las delicadas variaciones posibles de ciruelos plantados en distintos puntos del globo y requerí saborear el aura lunar. Al bajar apenas la ventanilla recuerdo que me llegó la percepción de cierta profundidad, viendo ese segundo horizonte cristalino flotar sobre el real. Se me ocurrió que las sucesivas narraciones que tomaran a aquel desconocido e intentaran darle un origen y un destino engrosarían con cada una de sus hojas (como los sucesivos anillos de corteza del naranjo) su perfil en apariencia desgarbado. Renarrar una historia contribuiría entonces a la supervivencia de sus detalles, aunque estos fueran imaginados. Por ello, cerca del amanecer, pude percibir a aquel hombre como me percibía a mí mismo, real, elevado por la historia y profundo en detalles, con la salvedad tan solo de que yo había escapado, y él permanecido. Por ello mismo, tras caer mis ojos en otro tipo de naufragio, bostece las especulaciones nocturnas.
Al despertar me desperecé contra el techo y me apresuré a combatir el frío de la ventanilla olvidada con la calefacción del auto. El motor resopló aletargado y la vibración me hizo consiente de la plenitud de mi vejiga. - El entrevistador ríe. - Lo último que viera de aquel campo serían aquellas protuberantes mamarias que había imaginado en la esposa del estanciero, pero en un cuerpo tan incorrecto como el de su madre - Tampoco había cambiado tanto -, mientras se me acercaba con un puño en alto, claramente enfurecida por descubrirme orinando el cercado.
- ¿Enfurecida? ¿Y qué hiso entonces?
- Huí nuevamente, ya completamente despabilado, en la curva próxima que daba la ruta. Y a la distancia, y con la perspectiva presente, el único recuerdo que quedó de mi noche allí fueron las cascaras de una naranja comida a las apuradas...
- Para nuestros televidentes que recién nos sintonizan Gabriel Novalis acaba de contarnos sobre su primer contacto con las ideas que luego darían forma a su última novela: “Entre los rulos de Ulises”, una de las cuales, sino sobre la que gira la obra, es la necesidad humana de pertenecer, encarnada si no estoy equivocado en la imagen de aquel ciruelo.
- Exactamente.
- Es una verdadera lástima que se nos haya acabado el tiempo. Novalis, un placer tenerte con nosotros esta noche.
- Un placer haber sido invitado.
- Y queridos televidentes, no duden en consultar sus librerías amigas por la disponibilidad de “Entre los rulos de Ulises”, que tiene bien ganado un lugar en nuestras bibliotecas. Hasta la próxima.

La taza de café vacía yace ahora sobre los papeles llenos de nombres y números, dejándoles estampado un círculo color caramelo. Podría sentir envidia de que Gabriel hubiese cumplido su sueño de ser escritor pero no es el caso. En su lugar siente una especie de orgullo, del que se siente cuando uno está seguro de que también ha dado lo máximo de sí mismo. Deja sonar unos instantes la peculiar musiquita del final del programa mientras lo recuerda en su juventud, y finalmente cambia de canal.     
Programa sobre naturaleza que le dedica una hora entera a los hábitos reproductivos del dodo. Cambia.
Propaganda sobre un complejo vitamínico que cura la gastroenteritis. El presentador, con la remera puesta al revés, corre de un lado a otro con los ojos abiertos de par en par. Cambia.
Canal de economía en el que se discute la abrumadora caída del valor del dólar. Cambia.
¡Noticia de última hora! ¡Un hombre de campo se entregó hace minutos a la policía porque cree haber asesinado a escopetazos a un extraterrestre que irrumpió en su propiedad! The irony isn't lost on him…Cambia.
Concurso de preguntas y respuestas. El presentador nunca tuvo un trabajo real en su vida. Cambia.
Cuarta novela: el hijo de un padre soltero se pierde en una plaza y ella lo encuentra. Se volverán a ver en un aeropuerto. Cambia.
Película doblada en el español de España sobre un “hechicero” de once años. Cambia.
Serie cómica sobre cinco amigos que comparten algo. Cualquier cosa. Y que probablemente también viven juntos, o en el mismo piso. Y el interés amoroso. Y las personalidades arquetípicas. Y los conflictos laborales. Cambia.
Metadeth tocando en vivo desde Japón. Cambia.
Canal de cocina en el que se explica cómo preparar el más exquisito pan dulce casero y en el que el camarógrafo está mucho más interesado en la retaguardia que en las manos de la cocinera.
Canal de historia sobre como los aborígenes americanos repelieron las cuatro primeras invasiones españolas. Nadie se esperaba que hubieran descubierto la pólvora por separado. Cambia.
Dibujo animado sobre la amistad en el que un adolescente captura pequeños monstruos y los hace pelear con los de otros adolescentes por fama y dinero. Cambia.
Un pequeño noticiero local retransmite una nota al estudiante de secundaria con el mejor promedio de ese año. El nombre le suena. Cambia. 
Película sobre un grupo de superhéroes en el que siempre hay una sola mujer, algún tipo enorme, alguno super-inteligente, y alguno que se toma todo demasiado en serio o demasiado en broma. Cambia. 
Viejo programa de comedia que solo podría haber divertido a generaciones anteriores. Cambia.
Un canal sobre gente y salud introduce a las personas de su segmento: “Sobrevivieron para contarlo.” La increíble historia de un tipo al que le pegaron cuatro tiros, se levantó, y fue a comprar Fernet. Cambia.
Reality show sobre veintitrés mujeres obligadas a vivir juntas por un año a pesar de que se odian. La pasivo-agresividad se filtra por la pantalla. Por alguna razón la mayoría son pelirrojas. Cambia.
Entrevista al renombrado ex carnicero Jorge “El Pacha” Leberbush, que después de años de ejercer su profesión tuvo una revelación causada por el virus del pollo loco, y ahora busca difundir su filosofía vegana junto a sus fieles seguidores.  
Programa de moda en italiano. Cambia. 
Otro predicador sudamericano. Este vende su bendición y ramitas de olivo. Cambia.
Quinta telenovela: ella se entera de que él le fue infiel a través de un amigo en común que esta secretamente enamorado de ella. Él se justifica explicando que la villana lo había emborrachado. Ella llora desconsoladamente en su habitación porque sabe que ella también le fue infiel en su momento. Cambia.
Programa polideportivo que se dedica durante media hora, cuatro veces por semana, a alabar al legendario jugador de bochas de un pueblo vecino. Cambia.
Programa de manualidades sobre el lustrado y conservación de muebles de madera. Al presentador le faltan dos dedos en la mano derecha. Cambia.
Documental sobre la vida y obra de H.G. Oesterheld en celebración del Día de la Historieta.
Propaganda de los capítulos finales de la segunda novela: deben escapar juntos de la villana. Ella lo convenció a él de quemar la plantación de tabaco para que nada más lo atara a la villana, y porque era lo moralmente correcto. En un arranque pasional la villana le dispara pero él se interpone. Huyen a caballo. Cambia.
Vóley de playa. Los culos, si bien firmes, suben y bajan, suben y bajan, suben y bajan. Una compañera se choca con otra y hay todo tipo de roses. A una le entra arena en los ojos. Cambia.
Propaganda sobre una aplicación de celular que te manda tu horóscopo todos los días… Cambia.
Programa de música en el que pasan por millonésima vez el tema más conocido de una banda que se disolvió hace más cuarenta años. Cambia. 
¡Noticiero de media noche! ¡Otro de los ladrones de la pollería ha ingresado en el hospital! Por lo que pudo averiguar el reportero el malviviente habría discutido con el ya internado por estar ambos involucrados en un triángulo amoroso con el tercero. Aún no hay más información sobre el hombre que se entregó. Los hechos minuto a minuto en canal… Cambia. 
Programa de juegos de destreza física en el que los participantes deben recorrer una pista de obstáculos hecha enteramente de papel higiénico y gomitas elásticas. 
Propaganda de una nueva pasta dental super refrescante con gusto a culo. Efectividad en la disminución de la sensibilidad mental comprobada científicamente. Mira la hora y apaga el televisor.  
Ochentainueve canales y realmente muy poco para ver. Mejor se va a la computadora. Todavía no tiene sueño y por lo menos ahí puede elegir lo que ve. Afuera empieza lentamente a llover.  

De saber su nombre Wits hubiera sentido que le hacía honor. 

martes, 16 de febrero de 2016

Millennial 41

Dos profesores fuman junto a la entrada de una escuela secundaria.
- ¿En que pensas Drachart?
- Pienso en algo que me dijo un alumno hace tiempo… ¿Cómo que no es importante el objeto concreto sobre el que se escribe? De repente la escritura sin objetivo, el escribir por escribir, es la parte más importante de un proceso que no va, por ello mismo, a ninguna parte. Una aberración. Se lo tendría que haber negado más demoledoramente, tendría que haber sido mucho más agresivo, y sopapearlo arrastrado por toda la sensibilidad Romántica. La literatura que se escribe para sí misma, querido estudiante de secundaria (tendría que haber dicho) se hunde por su propia subjetividad, se aleja de la superficie, donde los eventos del mundo se desarrollan y no se toma nada en serio, salvo las emociones pasajeras que la mente que maneja esa mano inexperta tiende a percibir como eternas e invariables. El escribir por escribir muere con la edad, y el “Romanticismo” muere porque no puede vivir fuera del agua, e inevitablemente la madurez lo arrastra a tener los pies en la tierra. Escribir por escribir es una etapa evolutiva, no toda la evolución. Y puede afirmar tal cosa porque tenemos el agrado de vivir en el siglo XXI, por lo que además hace dos siglos que puedo decirlo.
La historia literaria tiene mucho de historia individual y viceversa, mucho, pero no en relación univoca. Como decir que el movimiento de los electrones alrededor del núcleo (que deben haber visto cientos de veces en Química) se corresponde con el de los planetas alrededor del Sol (del que no creo que tengan idea, porque esta institución - mira a los lados - solo quiere que se miren los pies). Por eso la gran mayoría de los que todavía perseguimos todos aquellos falsos ideales que teníamos de lo que era ser escritores, en primera instancia, intentamos emular a los grandes. ¿Y quiénes son los más grandes de los grandes? Por supuesto, los Clásicos. Y los Clásicos no son solo Platón y su gastadísima alegoría de la caverna (que vieron el año pasado en Filosofía) ni Troya, que sería la Ilíada de Homero vista a través del filtro hollywoodense, que es lo mismo que decir vaciada para cabezas vacías. Claro que no. ¿Cómo algunos no van a “entender” la poesía y otros van a celebrar indiscriminadamente que la producen cuando ninguno de los dos conoce a Catulo? Como no les van a encantar las malas novelas, mercantilizadas hasta la náusea, si no conocen las verdaderas tragedias de Séneca (y no, Edipo no es solo Freud). Y les hubiera nombrado dos para no quitarles demasiada capacidad de procesamiento.  
Una vez pasada la etapa Épica - su oyente apaga su cigarrillo - del reconocimiento de los fríos y los calores de la tragedia y la comedia, y de la búsqueda de los héroes y las figuras extra parentales, nadamos con brazo ágil a los historiadores medievales. Y el que crea que el medioevo son un montón de monjas y campesinos encerrados en una iglesia oscura por órdenes de un terrateniente tiránico puede irse ahora mismo del aula (le tendría que haber dicho). Claro que el Medioevo es oscuro por la sombra de la religión (la cual muchos de ustedes ya se dieron cuenta de que no eligieron) pero creer que la humanidad se detuvo es una estupidez, y para el que lo siga creyendo que lea “Elogio de la locura” de Erasmo de Rotterdam (o no, y no cambien su opinión nunca, que parece ser la parte más cómoda de ser ignorante) o tómense un segundo para reconocer el origen trovadoresco de este neo romanticismo patológico.
El preadolescente sale de los clásicos con una especie muy particular de sentido de grandeza, que tiende a atribuir a la naturaleza y los sentimientos. Por un tiempo cree ver más allá de lo “filosófico” en el peor de sus sentidos, y se vuelve casi realista, o se lo obliga a volverse. Los padres no son héroes y los héroes son todavía más héroes, y por supuesto que la mayoría de ustedes todavía tiene algún disco o alguna remera de los suyos. Esta búsqueda de uno mismo, este reconocimiento, inevitablemente los llevará a una especie de Renacimiento, como último vistazo a la parte más baja del río en el que se los tiró cuando nacieron (y cuya corriente, soy el vivo ejemplo, los va a arrastrar). El escribir se vuelve un acto auto reflexivo, cuasi sagrado, y llega el racionalismo, y se las saben todas. Lo lindo de envejecer es que uno puede tomar dos caminos: darse cuenta de que la ilusión de saber todo basado en primeras impresiones era una estupidez, y que la vida y la literatura son mucho más complejas, que la “suposición” nunca es tan válida como la verdad; o mantener la misma postura, y atravesar la vida convencido de que se posee una mente brillante (que otra vez, es más cómodo). El Racionalismo, sin demasiada sorpresa, paso mayormente por el lado de las ciencias, llamándose Funcionalismo y Estructuralismo los intentos de transformar a la literatura en una de ellas. Todas las ideas que llevaron a esos celulares, que no pueden dejar de masturbar, empezaron ahí, e incluso los métodos para observar átomos y estrellas. Y entonces saltó, como no podía ser de otra forma, una idea de arte de dientes afilados para hacerle la contra. La última rebelión por la rebelión misma, el Romanticismo. Como si algo pudiese pecar de ser demasiado racional (Kant de lado) - Drachart tira su cigarrillo porque le quemaba los dedos - el Romanticismo volvió a poner en cuestión los sentimientos, la emoción subjetiva como punto principal de la expresión artística, y otras pelotudeces como la inspiración, y el trabajo poético desligado del esfuerzo. Y como el cristianismo en su momento, dos siglos después la idea de que todo el arte es romántico sigue vigente.
Lo que no vieron ustedes, o vieron a medias, es que después de toda esa mariconada (con todo respeto a quien pueda sentirse ofendido), es que no mucho después a ese oso que nos pescaba como salmones de río le dieron un tiro directamente entre los ojos. Y la bala se llamaba Vanguardia, y la Vanguardia es muchísimo más que Dalí y Picasso. La Vanguardia se dio cuenta de esta ida y vuelta entre lo que se esperaba que fuese el arte, y de la crisis en su centro que cuestionaba su propia existencia (una de las crisis más fructíferas de todos los tiempos), y volvió disponibles todos los recursos de las épocas anteriores, simultáneamente, marcó un corte, y obligó a una nueva búsqueda, en la entrañas del oso. Esta simultaneidad está muy lejos de ser motivo de preocupación, nos deja ser un oso color salmón, o un río-bala, pero para el que no conoce ninguno de los estilos precedentes es todo lo mismo, y claramente no lo es. La apreciación del arte es subjetiva, el arte en sí mismo no lo es. La apreciación del arte es relativa (como decía, depende mucho de lo que conozca el observador), el arte mismo no lo es. Toda obra escrita tiene parámetros puntuales bajo los que puede ser evaluada (el Funcionalismo llevó esto a la exageración), puede, pero la mayoría de las veces se la consume sin saber que se consume, se le da un producto vacío a una cabeza vacía, y todos contentos. La relativización del arte, o la permanencia virulenta del Romanticismo (le tendría que haber dicho) no son consecuencia de la historia del arte, sino, querido alumno de secundaría, de que vos seas un pelotudo, y de que no se me permita educarte para lo contrario.
- Ok.
Suena el timbre que señala la finalización del recreo. 

lunes, 15 de febrero de 2016

Millennial 40

Los siete niños entran atropelladamente al comedor. Cuando se sientan a la mesa la entrada a la base esta regada de pequeños trajes espaciales. Afortunadamente esa vez solo dos se quejan de que otra vez almorzarán papas, al resto no parece importarle mientras que sean fritas. Tras calmar lo mejor que pudo el barullo inicial su padre junta los trajes sucios. Uno de ellos tiene los pies manchados de negro, lo que le gana al hijo mayor la reprimenda, una vez más, de no pasearse tan lejos sin su supervisión. Y aprovecha la oportunidad para recordárselo a todos. Algunos asienten y otros siguen devorando. Tan pronto como deja los trajecitos en la cámara esterilizadora el padre también se sienta a la mesa. Consigue agarrar algunas papas perdidas antes de que se terminen y evita que una broma del hermano del medio al inmediatamente menor escale a la categoría de conflicto bélico. Al terminar de comer seis de los siete corren a lavarse las manos para volver a salir lo antes posible. El único que se asegura de agradecer a su padre recibe una palmada en la cabeza de recompensa. Los platos desaparecen absorbidos por la mesa.
El pequeño batallón forma entonces una línea para esperar la retribución de sus trajes, entregados diligentemente por una cinta que los transporta desde la otra cámara siguiendo el orden de nacimiento. Su padre les recuerda, primero, que no se peleen, y segundo, que mantengan las comunicaciones abiertas aunque estén peleados. El menor llega último, porque había tenido que usar el baño. Su padre lo ayuda a ponerse el traje para que no se quede atrás, y este le cuenta que descubrieron un grillo de doce patas, que se comunica por ultrasonido. El padre finge no creerle y lo alienta a que le traiga uno para estudiar. Una vez que el traje simbionte se cierra el niño sale a la carrera, atraviesa la membrana aislante y se pierde tras su brillo violáceo. Nuevamente todo está en paz en la blanca base, pero el padre no puede quitarse de la cabeza la idea de que el mayor se meterá nuevamente en problemas. Toma un traje y se aventura al exterior.
Afortunadamente parece que su proposición de que le llevaran un grillo dio frutos. Siete y Cinco hacen una trampa con ramitas de la amapola balrogiana que cubre toda base. Dos, Seis y Tres discuten la información geográfica que proyectan sus visores. Uno busca entre los arbustos de lila pandemonica, y Cuatro escaba no muy lejos, valla uno a saber con qué esperanza. No es nada fácil educar a tantos clones de uno mismo a la vez, pero después de aquel accidente la misión lo requiere. 

Millennial 39

El eco de un violín reverbera en un cine abandonado. La luz que se filtra por las ventanas es apenas la suficiente como para leer una amarillenta partitura que reza “Danse Macabre. Saint-Saens Camille 1873”, en una manuscrita delgada y estrambótica. Un brazo delgado se mueve en la oscuridad, acompañando el movimiento del arco. Quien toca el violín apresura las notas, pero no le erra a ninguna. La mano de dedos largos aprieta el arco como si este se le pudiera escapar.
A la mitad de la pieza la luz se desvanece. Ha anochecido. Se escucha un suspiro en la oscuridad polvorienta, y luego pasos desganados. I focus on the pain. Cuatro fluorescentes titilan en las profundidades del cine y finalmente se prenden, seguidos por una mirada que se oculta bajo una máscara de dragón japonés. El anciano que la viste se acerca al atril, todavía con el violín en manos, dobla cuidadosamente la partitura, y se lleva ambos objetos consigo. En su recorrido hacia la nueva luz parece hacer un recuento mental de todos los objetos desperdigados en las butacas, muchos de los cuales en ese momento no parecen más que sombras. The only thing that's real. Atraviesa el corredor y corre una pesada cortina roja en la esquina izquierda del recinto. Tras la cortina hay un pequeño cuarto escondido, en el que apenas puede entrar, flanqueado por una cama diminuta y dos archiveros. Primero deposita cuidadosamente el violín sobre el más bajo de ellos, y luego abre el primer cajón, donde guarda la partitura entre una serie de papeles de lo más extravagantes, entre ellos un pañuelo con medio beso de mujer, una pintura de un conejo alado, y el octogésimo primer fragmento de una novela de noventa y nueve partes. Se sienta en la camita y se desviste, quitándose cuidadosamente sus ropas negras, salvo por la máscara, y tras doblarlas las pone a los pies de su cama. Sus articulaciones débiles le duelen cuando se acuesta haciéndose un ovillo, y su largo brazo le tiembla cuando se tapa con la sabana hecha de retazos de telas. Con el amanecer volverá su juventud.  

sábado, 13 de febrero de 2016

Millennial 38

Beneath the idle skies las copas de los árboles de un bosque antiquísimo ronronean acariciadas por la briza. En el medio del bosque hay un pequeño claro, y en el medio del claro hay dos árboles solitarios, un fresno y un ciruelo. Son gruesos y altos, y están algo encorvados: sus ramas más bajas se arquean hacia abajo como barbas tupidas. La briza juguetea unos instantes entre sus hojas y las cosquillas despiertan al fresno. Su bostezo sonriente suena a amanecer. Estira sus ramas y las flores en ellas apuntan al cielo.
- ¡Eh! ¡Ciruelo! ¡Pst! ¡Pst!
El ciruelo sigue dormido.
- ¡Eh! ¡Eh!
El ciruelo sigue dormido, pero su frente enorme se frunce. El fresno, bajando la vos, continúa:
- ¡Pst! ¡Eh! ¡Pssst!
El ciruelo no reacciona. Entonces el fresno toma una de las pequeñas flores amarillas que se le han caído a los pies y, con mucho cuidado, acaricia justo el punto en el que comienza la barba del ciruelo. El ciruelo se contrae respirando rápidamente y prorrumpe un estornudo atroz, que sacude todo el bosque.
- ¡Estoy despierto Fresno! ¡Pará un segundo!   
- ¡Con esa manera de dormir pensé que te habías secado! - Se justifica el fresno.
- No me quiebres las ramitas, ¿queres? - Maldice el ciruelo. - ... ¿Qué pasaba?
- Nada…Hoy hace lindo día.
- La verdad que sí. Mañana va a llover.
- Sí. Con un poco de suerte saco nuevos brotes. - Confirma el fresno mientras se acaricia la barba.
- No te vendría mal.
- Eso lo decís porque con tus ciruelas la barba queda más linda. Mirá como brillan.
- Las flores son más difíciles. - Reconoce el ciruelo.
- Siempre que puedo me guardo un poquito de agua para regarme la barba.
- ¡Pero si tenés que hacer lo contrario! Vos déjala, olvídate, y vas a ver cómo crece.
- ¿Estás seguro?
- Sí, sí. ¿Viste que las frutas tardan mucho en germinar? - El fresno asiente moviendo sus ramas más altas. - Bueno, al principio a mí tampoco me salían. Y cuando me salieron eran todas desparejas, un desastre.
- ¿Y las dejaste, así nada más?
- Sí, cuando me acuerdo me pongo unas gotitas de rocío, de coqueto nomás.
- Una vez me pareció ver un hombre al que le empezaban a salir flores.
- ¿De verdad? ¿De qué color eran?
- Blancas. ¿Viste que los hombres tienen la cabeza llena de flores? Bueno, le habían empezado a salir algunas blancas, y en la barba también.
- Les debe pasar como a nosotros cuando empieza el frio. - Recuerda el ciruelo con estupor, y sacude sus hojas inconscientemente. 
- Puede ser. Puede ser. ¿Seguro entonces de que si me olvido de mi barba me crece?
- Sí, mañana tomá todo el agua que quieras que te va a crecer igual. Me parece que voy a dormir un ratito más, si me dejas.
- Sí, sí. Yo voy a mirar las estrellas… perdón por despertarte así.
- No hay problema, no hay problema…
Cuando terminaron de hablar ya había caído la noche, porque los arboles cuando hablan entre sí lo hacen sumamente despacio. Antes de dormir fresno miró a ciruelo y confirmó que estaba dormido como un tronco. El brillo lunar reflejado en sus ciruelas le recordaba las estrellas. Y las miró por varias horas más, deseando que su barba floreciera. Hasta que otra briza lo acarició hasta dormirse.  

Millennial 37

El hombre nunca llega a probarlo. Al girar la cabeza hacía ella comienza a sangrarle la nariz, y de un segundo para otro cae muerto sobre su asiento. Su acompañante se despierta con el grito de Lucrecia pidiendo un médico. Y al ver al hombre también se desploma. Lucrecia corre hacia la cabina de las azafatas, haciendo uso de toda la cordura de la que es capaz, con la intención de llegar al altavoz y preguntar si hay médicos a bordo, pero embiste en su carrera a la señora que había pedido el jugo de naranja, y cae en el corredor. La fornida señora se le acerca apologética, pero al ver su uniforme manchado con el coctel también cae. Sus dos niñas irrumpen en un llanto atroz, a la vez que varios pasajeros se giran a ver lo sucedido. El delgado hilo de sangre que surca los labios y las orejas de la mujer derrumba a todos los curiosos. A lo lejos se escucha a alguien gritando que es médico, sofocado por una cadena de llantos. Cada llanto de un niño mata a sus padres. Cada padre muerto mata a su niño.
Lucrecia se arrastra contra un costado sin poder creerle a sus ojos cuando se da cuenta de que el avión esta descendiendo  estrepitosamente. Intentando huir de los cuerpos sangrantes junta la fuerza para arrastrarse hacia el sector de las azafatas, pero es demasiado tarde. Las otras tres se han derrumbado apenas han dejado sus puestos. Los llantos han cesado. Corre desesperada hacia la cabina de los pilotos. Golpea con todas sus fuerzas pero nadie le responde. El avión bajo sus pies se sacude turbulentamente. Corre hacia la otra punta del avión cayéndose y levantándose, cayéndose y levantándose. Nadie responde a sus gritos. Siente que le cuesta respirar. Los respiradores de emergencia caen justo cuando las luces comienzan a fallar. Nadie más respira. Lucrecia no entiende. No podría entender. En el fondo de la clase turista se encuentra con el niño que quería acariciar las nueves. Duerme. Lo toma en brazos y vuelve a su asiento. Siente como baja la presión. Abrocha su cinto. Mira por la ventanilla el cielo monocromático. Colorblind. Y las nubes le parecen más blancas que nunca.  

Millennial 36

Una vez removida la plataforma de abordaje, Lucrecia Godspeed, una de las cuatro azafatas del Boeing 767 con destino a Londres makes a double check de la comodidad de los pasajeros. A dos de los 194 les tiene que recordar que las bebidas se sirven una vez que el avión está en el aire. Está lleno de niños, y todavía más de adolescentes, pero el cielo de otoño está claro como un vaso de agua, y es lo suficientemente temprano como para que a todo el mundo le quede algo de sueño… Son pocos teniendo en cuenta que es un viaje intercontinental, pero los aviones necesitan volar. La mayoría parecen familias que vuelven de sus vacaciones en el hemisferio sur, el resto parece bien acostumbrado a los viajes aéreos, y a la primera clase.   
Si bien Lucrecia lleva tres años trabajando de azafata todavía se alegra cada vez que un niño experimenta por primera vez la fascinación de volar. Tocar la ventanilla como si se quisiera acariciar las nubes… Una de sus compañeras le pide que se despabile, que despegaran en pocos minutos. Es la misma que hace segundos hizo los anuncios pertinentes por el altavoz. Pronto toma su posición junto a ella y se abrocha el cinto. Otra de sus compañeras se hace la señal de la cruz, como de costumbre. La cuarta abre una revista de chismes en un idioma que ella no reconoce.
La ascensión se da de mil maravillas y rápidamente procede a servir las bebidas que le habían solicitado, sabiendo que no serían las ultimas, por lo menos hasta que el sueño los venza. Revisa la cabina de pilotos y uno de ellos pide un café. Una señora con dos nenas pide jugo de naranja. Un anciano pide un almohadón. Tres nenes lloran en puntos distintos del avión, como si compartieran su infortunio a gritos. Un adolescente que viaja solo en primera clase pide ron, pero su cara no hace justicia a la edad necesaria para tal demanda. Cinco de las catorce horas de vuelo transoceánico pasan con turbulencia mínima, y salvo por algún llanto y algún que otro ebrio, en cuasi perfecta tranquilidad.
Lucrecia va por la mitad de su libro de poesía cuando escucha el agudo pitido sobre su asiento que señala que un pasajero requiere de su atención. El pasajero es siempre uno de dos, y esta vez ella tiene la obligación de señalarle al del asiento número 42 que será la última bebida que se le sirve. Se levanta respirando hondo, toma el carrito asegurado a un costado y atraviesa las cortinas rojas que demarcan el sector de las azafatas. Se detiene recién cuando llega a su lado, intentando en vano estirar su ceño fruncido. Cuando lo alcanza, con cierta malicia, primero pregunta si el caballero desea lo mismo, y luego comienza a preparar el coctel, dejando la información de que será el último para el momento en que le dé el primer sorbo. El hombre apenas le dirige la mirada, hasta que el Mai Tai está servido… 

Millennial 35

Otro golpe cae y su cabeza sigue la órbita en la que la pone el golpe. Otro golpe y ya no puede sentir la cara. Uno más y se está ahogando. El bruto se inclina hacía atrás para propinar lo que cree será el golpe final, y él aprovecha para tomar la daga que tenía escondida contra el costado (tan bien escondida que por un momento se había olvidado de ella). La toma con tal esfuerzo que tiene la sensación de que en realidad se quiere defender con una costilla rota. A través de la sangre y el dolor la esgrime con firmeza y la clava en el costado del bruto con toda la fuerza de la que es capaz. El bruto se toma el costado con la mano libre, y él vuelve a apuñalarlo, a través de la mano. Lo escucha maldecir y retorcerse, cortando el silencio mortuorio del estadio. Le pelea a la oscuridad y consigue entreabrir los ojos. Si, si, si, si, si…
El bruto se incorpora más rápido que él, y otra vez busca embestirlo con la espada en alto, hirviendo de hybris, pero él consigue adelantársele, y tomándolo de la cintura lo alza y lo devuelve al suelo. Siente como sus propios huesos tronan al dejarlo caer. La gigantesca espada del bruto finalmente se escapa de sus manos, y su aturdimiento le da el tiempo suficiente para volver a apuñalarlo. Él no tiene que demostrar nada. Lo apuñala por cuarta vez. Él solo quiere sobrevivir. Apuñala la herida más roja que encuentra. Siente que se desvanece. La daga se rompe a la mitad contra la cota de malla. Él no eligió estar ahí. La boca del Otro está llena de sangre. La daga rota se hunde en los músculos del cuello. Él no quiere morir. El bruto todavía intenta respirar. Le arranca el casco tomándolo de la cresta. No, no… La daga se le cae de las manos al ver que se trata de un infante, al ver que es un niño quien está unido a ese cuerpo monstruoso. El cielo se parte a la mitad y una mano gigantesca procede a elevar al ganador, y llevárselo a la boca. We all are somebody's toys. 

Millennial 34

Con un golpe metálico la oscuridad devora las tribunas. Otro más y se le duerme el brazo del escudo. Otro más y la arde la cara. Otro más y al único que ve es al Otro. Consigue arrastrarse y sacudir la cabeza, para remover la oscuridad y la sangre, y se le viene encima. La espada baja contra él una y otra vez, y una y otra vez él la recibe, y la sobrevive. No es que resista por habilidad o fortuna: la espada no busca matarlo, busca destrozarlo. El Otro busca subyugarlo hasta que no quede duda de que el combate (I don't need a reason to hate you) estuvo perdido desde el principio. La espada sigue bajando como un martillo, hasta que se pierde junto con los gritos de los espectadores en un zumbido agudísimo (Cistof abuses the slow motion). El Otro le ha arrancado el escudo del brazo y se le ha sentado en el pecho. Su conciencia baila entre las capas de bronce de su casco y la empuñadura de la espada enemiga. Siente la hinchazón de su rostro contra el metal caliente, y la presión del cuerpo del bruto contra sus costillas destrozadas, y se da cuenta de la terrible verdad: va a morir. By Jupiter's cock! ¡Está por morir! No, no, no, no, no…