miércoles, 1 de marzo de 2017

Máquinas Salvajes VIII

VIII

El modelo del cerebro “triúnico” propone, para explicar su evolución, una división del cerebro en tres partes interdependientes, cada una con su propio tipo de inteligencia especializada en el control de ciertos comportamientos. El mal llamado “cerebro reptiliano” es una de estas divisiones (junto con el sistema límbico, o “cerebro paleomamífero” y el neocórtex), e incluye el tronco encefálico y el cerebelo, encargados, en primera instancia, del control de los músculos, el equilibrio y las funciones autonómicas (latir del corazón, respiración). Y, según el neurocientífico Paul D. MacLean, propulsor del modelo, encargados también de los comportamientos más básicos para la supervivencia: agresividad, dominancia, ritos de cortejo, territorialidad.
MacLean encuentra, a través de la neuroanatomía comparativa, que la capa más primitiva o baja del cerebro humano tiene un análogo en la estructura del cerebro de los reptiles, en la que prima, y de allí le da su nombre. Si bien numerosos estudios posteriores han encontrado que la complejidad del cerebro de aves y reptiles ha generado estructuras análogas al cerebro paleomamífero, e incluso que el neocórtex no es exclusivo de los grandes primates, la singular y elegante idea de que nuestro cerebro evolucionó siempre hacia mayores niveles de complejidad, de cuya cadena somos el último y univoco eslabón, es todavía ampliamente aceptada. De alguna forma la agresividad que temimos de los reptiles durante millones de años fue lo que nos permitiría defendernos de ellos. Haciendo uso de cierta simbología oriental: el mono siempre tuvo algo de dragón.  

Incógnita 5: ¿Cuáles habrán sido los depredadores naturales de aquel último ancestro común entre reptiles y mamíferos?                                 
Aplicado este modelo a cierto monstruo antes mencionado: ¿que es un zombi si no un ser humano que de su cerebro triúnico solo conserva el reptiliano? Incluso el andar ofidio del cadáver recuerda los pasos torpes de los grandes reptiles. Y el desencaje mandibular…  Allí habría tenido MacLean todas las pruebas que necesitaba: ni la serpiente más estúpida gruñe constantemente cuando caza.
 
La versión moderna del zombi es siempre la de un anhelante, un mendigo: quiere consumir el cerebro que no tiene en una suerte de torpe transubstanciación. En él se encarnan tanto el miedo a la masificación, a la dilución de la individualidad, átomo primordial de la sociedad moderna (estando la génesis del zombi íntimamente relacionada con la esclavitud haitiana durante el siglo XVIII), como la crisis espiritual que deviene de la imposibilidad de una sobrevida en términos religiosos tradicionales (él es después de todo un “muerto viviente”).
Pero debe intentar entendérselo, eso de morir y volver a la vida debe dejarlo a uno en un estado lamentable. Debemos agradecer que la mayoría de ellos práctica, con mayor o menor seriedad (siquiera por pura torpeza), cierto grado de celibato, sino bien podrían ser el siguiente paso natural en la evolución del hombre.


    El selénico reino de los hongos nos acerca un ejemplo de como otro ser vivo, además del párroco (cuyo estado vital es siempre debatible), puede controlar a otro a través de cuidadosa propagación de sus esporas. El hongo Ophiocordyceps unilateralis ha evolucionado la particular habilidad de parasitar cierto tipo de hormiga cambiando paulatinamente sus patrones de conducta. La patogénesis, que dura aproximadamente una semana, culmina con las mandíbulas de la hormiga asidas al revés de una hoja elevada. Allí la humedad y temperaturas óptimas permitirán al hongo desarrollarse con mayor facilidad. La hormiga, inmovilizada por el hongo, que a esa altura habrá empezado a reptar fuera de su cabeza, morirá allí mismo.
Pero este dominio no es exclusivo, se ha descubierto que el hongo puede parasitar, con diferentes grados de agresividad y control, a otras especies de insectos, e incluso de artrópodos. Afortunadamente pierde efectividad rápidamente a medida que aumenta el tamaño de su presa. Sus hábitats principales son las selvas tropicales de Tailandia y Brasil… ¿habrá llevado algún esclavista brasileño una dosis concentrada a Haití?
  
Otra noción que atraviesa al desafortunado zombi (como los numerosos golpes de crowbar que ha recibido a lo largo de los años o el O. unilateralis) es la de “uncanny valley”. Propuesta por el robotiscita Masahiro Mori el “valle de inquietud” refiere en estética a la hipótesis de que réplicas de humanos que se le parecen, pero no son exactas, causan desagrado e incomodidad a algunos observadores. Entre los ejes de familiaridad y parecido humano, justo antes del punto más alto, es decir, justo antes de que la réplica sea indistinguible de un humano, tiene lugar este curioso valle, del cual el zombi es el máximo exponente.
El uncanny valley vendría a ser entonces una pareidolia que no llega a resolverse, un reconocimiento del rostro del otro, con el desagrado añadido de descubrir que este es un cadáver, y que se mueve a pesar de que no debería, y de que viene por nosotros.     

Observación 14: El peor miedo del hombre seguirá siendo, en la medida en que la tecnología no le permita la conquista, su propia mortalidad.

Incógnita 6: ¿Es cuestión de tiempo?

miércoles, 15 de febrero de 2017

Máquinas Salvajes VII

VII

Leopardos, serpientes y halcones han sido los principales depredadores de primates durante millones de años, remontándose a los primeros mamíferos placentarios. Antes de que el hombre fuera tal, es decir, su propio depredador, este existía en un estado de guerra absoluta y exclusiva contra esa elite condenada.   
Algunos antropólogos proponen que esta guerra de millones de años ha dado origen a cierto ideograma, reconocible universalmente en su cualidad de síntesis de esos miedos primordiales: el dragón. Este vendría a ser la unión de las cualidades más terribles de esas tres encarnaciones: las fauces del leopardo, el cuerpo alargado y escamado de la serpiente, y el vuelo veloz del halcón.

Cita 3: The fall from Eden seems to be an appropriate metaphor for some of the major biological events in recent human evolution. This may account for its popularity. It is not so remarkable as to require us to believe in a kind of biological memory of ancient historical events, but it does seem to me close enough to risk at least raising the question. (Carl Sagan: The Dragons of Eden)

Muy anterior a la reconocida representación de los subterráneos europeos el dragón ha heredado, si bien siempre dentro de las directrices fisiologías antes mencionadas, diferentes características según su cultura de origen: los asiáticos lo imaginan con la capacidad de volar pero sin alas, y lo relacionaban no con el peligro, sino con la sabiduría, al igual que varias culturas americanas, que lo imaginaban como dios de la sabiduría, con alas cargadas de plumas (Quetzalcóatl, “serpiente hermosa” en náhuatl). La idea del dragón europeo, sabio y codicioso, parece ser bastante más moderna.





Observación 14: A medida que progresábamos en el dominio de la naturaleza sus únicos defensores posibles se volvieron monstruos hechos de monstruos. Hasta que ganamos, y solo sobrevivió el monstruo inteligente.  
 


Los primeros mapas de los que se tiene registro servían para ubicar las posiciones de las estrellas, no lugares en la Tierra. Cuando surgiera esta segunda especie el hombre vería, allí en los lugares donde su vista o su conocimiento no llegaran, muchos de los mismos monstruos. La primera utilización escrita de una advertencia contra dragones en un mapamundi pertenece al “Globo de Hunt-Lenox (1503) quien la ubica en el sudeste asiático. Las primeras imágenes de dragones para señalar tierras o mares desconocidos por los europeos le preceden por varios siglos, y la figura del dragón como símbolo totémico de poder, para los orientales, por muchos más.
Además de sus primeras herramientas los hombres y mujeres que se expandieron fuera de África hace cien mil años llevaban otras dos cosas, no menos importantes: sus dioses (barbados, como señala la mitología comparativa), y sus miedos. Milenios después, la extrapolación de aquellos ideogramas que se cargaban desde el principio alcanzaron nuevas y particulares características, como los hombres mismos.

En la modernidad tanto el monstruo como el dios barbado han sido relegados a ser entes en continuo retroceso, esto es, entes cuya existencia solo es posible en los oscuros márgenes donde la luz de la racionalidad todavía no ha llegado.
Uno supondría, por ejemplo, que después de la Revolución Industrial y la consiguiente explosión tecnológico-científica no quedarían monstruos en el mundo moderno, pero existen numerosísimos ejemplos de que los márgenes oscuros están todavía llenos de ojos: la resurrección de los fantasmas (oxímoron desintencionado), junto con las momias y poco después los zombis, haciendo de sombra al imperecedero miedo a la muerte; el monstruo de Frankenstein, en la misma línea, jugando con los límites de lo que parecía, en medicina, un progreso sin fin; licántropos, como última resistencia del lobo en escenarios cada vez más urbanizados; Drácula, el conde sangriento (pleonasmo intencionado), y Cthulhu, y todos las entidades cósmicas lovecraftianas que, si bien con cierta posterioridad, expondrían visceralmente el nuevo terror del hombre a la inmensidad del universo.
En todos los casos hay una línea conectora, nítida incluso en la oscuridad: todos los “nuevos” monstruos se definen en su relación con, o directamente fueron/son humanos. Que el Conde Drácula este basado en Vlad III, el Empalador (Tepes, en rumano), nacido como Vlad Draculea en 1428, poco antes de que concluyera la Edad Media, es mucho más que una feliz coincidencia. Bram Stokerd tomó como inspiración al mejor depredador de hombres que pudo encontrar, e incluso la historia ya se lo entregaba marcado: en rumano la palabra drac significaría “dragón”, y ulea “el hijo de”: el padre del Empalador había formado parte de la Orden del Dragón (cuyo objetivo era defender el imperio de los turcos otomanos) por mandato del emperador, ganándose el nombre de Vlad Dracul (ul siendo un artículo determinado).

Uno podría incluso, si extendiera ciertas gracias del hombre-dragón literal hasta el histórico, realizar curiosas conexiones. Tomando como referencia primera el mapa de Hunt-Lenox, y salvando la colosal distancia entre Rumania y Asia Meridional, ¿habrá cruzado Vlad Tepes el Mar Negro hacia Turquía? Fue rehén de los turcos durante 17 años, por lo que podría haber mantenido contacto con alguien que lo auxiliara en su huida. ¿Habrá cruzado el estrecho de Bósforo en el reparo de la noche? ¿Y el de Dardanelos? Si sobrevivió cruzar mares enemigos y luego se abrió paso desde el Mar Mediterráneo hasta el Océano por Gibraltar, sin envidiarle nada a los viajeros griegos, como dirían, entre Escila y Caribdis, ¿habrá llegado meses después a aquella otra exótica y lejana parte del mundo? El Tepes histórico murió en Diciembre de 1476 luchando contra esos turcos contra los que peleó toda su vida, a través de cuyo sufrimiento en las picas se hizo inmortal. El paradero de su cuerpo permanece desconocido, si bien numerosos monasterios claman su posesión. ¿Y si el príncipe de Valaquia se dio cuenta de que todo lo que lo definía, todo por lo que sería recordado, sería su sobrenatural habilidad para… despedazar turcos? ¿Y si quiso, luego de esta epifanía, dejarlo todo atrás? En una carta escrita poco después Esteban III, príncipe de Moldavia, asevera que el sequito moldavo entero que acompañaba a Tepes también había sido masacrado. ¿Y si Tepes previó esto y mandó a un hombre suyo en su lugar? Si es que evitó aquella matanza, pudo atravesar fronteras enemigas y escurrirse entre los dedos otomanos hacia la bastedad oceánica, e incluso luego, sobrevivir al nefasto viaje bordeando continentes enteros, bien puede HC SVNT DRAGONES (“Aquí hay dragones.”) referirse a él. (Incluso el plural acarrea la esperanzadora idea de que haya tenido allí más hijos que los tres que habría abandonado.)

Las fechas hacen del tiempo más piadoso que el espacio. En 1476 Tepes tenía la tierna edad de 45 años, por lo que podría haber llegado al sur de Asia y renovado su fama para 1503. (Con el tiempo él mismo podría haberse dado cuenta de que el singular placer de mandar a empalar gente era exactamente para lo que había nacido.) Si bien la gracia del Drácula literario nos habría permitido extender el tiempo, a través de la función rejuvenecedora de la sangre (noción que viene de otro monstruo latino: el temible búho Strix), casi infinitamente, tal maniobra no será necesaria. Menos aún que la ridícula noción de que al decir que allí había dragones Hunt-Lenox se refería a los números avistamientos de dragones de Komodo, en las innumerables islas de Indonesia…

Incógnita 5: ¿Qué habrá pasado por la mente del primer hombre al que se le ocurrió la pintoresca idea de empalar a otro?


 
La tormentosa biografía del Empalador y la costumbre de otro pajarito (por lo que se sabe sin ninguna relación con el Strix) traen a la luz otra hipótesis posible para explicar tan curioso hobby. El alcaudón, un pajarito apodado tiernamente como “pájaro carnicero” tiene la costumbre de empalar a los insectos, pequeñas aves y mamíferos que caza en las espinas de los arbustos cerca de los cuales anida. De esa forma puede, pese a su pequeño tamaño, desgarrarlos en pedazos más fáciles de transportar, mantenido alimento siempre al alcance. El hábitat de esta particular especie se distribuye a lo largo de Eurasia y África, continentes de los cuales Turquía (si uno se digna a inclinar el globo terráqueo siquiera un poco) funcionaria perfectamente como epicentro. ¿Habrá visto el joven Vlad, cautivo de los turcos, un pajarito empalando a un ratón, y habrá tenido su primera epifanía? Los alcaudones en época de apareamiento llenan sus arbustos con toda clase de cadáveres, muchos de los cuales no llegaran a comer, para impresionar a las hembras. ¿Habrá sido toda la fama de Vlad un tributo a una muchacha turca? ¿Sería esta la misma que lo ayudó a cruzar el estrecho de Bósforo?
Esta huida del monstruo del panóptico de la ciencia y la razón ha creado en las últimas décadas a otro representante, ciertamente no el último, y del que ya hemos hablado, una figura ahora arquetípica, que frente a la imposibilidad de la otredad del hombre con el hombre en un mundo cada vez más globalizado todavía sobrevive bajo el frágil amparo de la ficción de la ciencia ficción: el alien. La mente humana siempre ha sido, después de todo, una excelente máquina de crear monstruos. Nuestro propio “cerebro reptiliano” se ha encargado de eso.

Cita 4: He who fights too long against dragons becomes a dragon himself. (Friedrich Nietzsche: Beyond Good and Evil)

miércoles, 8 de febrero de 2017

Máquinas Salvajes VI

VI

En el contexto del planeta Tierra el depredador siempre ha sido una máquina bastante particular. Parte de una élite condenada a ser siempre menos que lo que caza y a sufrir las constantes inclemencias que devienen de que el alimento se niegue persistentemente a morir. Claro está, exceptuando al hombre, que en la modernidad ha escalado el proceso hasta transformarlo en una orgía de máquinas mecánicas y biológicas que se vuelven por momentos indistinguibles.
Pero a este poco elegante modus operandi le debemos bastante más de lo que nos llevamos a la boca.

Observación 13: Afortunadamente, la mayor parte del género humano ha llegado al punto en que puede dedicarle más tiempo a pensar que a tener hambre.

La historia de la vida en la tierra es una historia del paulatino aumento de la complejidad. Basta ahondar en los orígenes posibles de las primeras células. La carrera por la supervivencia que impulsó la depredación de otro organismo contribuyó enormemente a este aumento de la complejidad. Resultó que era más efectivo devorar a otro y todo lo que a este lo conformaba que tomar la misma energía del ambiente. O en última instancia, era preferible absorberlo, como proponen las teorías simbiogenéticas: la fusión biológica de al menos dos organismos procariotas diferentes (una arquea y una bacteria), podría haber dado origen a la primeras células eucariotas, células con núcleo definido, de las que somos, a través de una cuasi-impenetrable maraña de azares, descendientes directos.
Podría incluso aventurarse la idea de que esta recursividad de la biología terrestre por vivir a través de la muerte de otros no es universal, en el sentido cósmico. Una raza de extraterrestres paliduchos podría haber alcanzado la sapiencia haciendo uso exclusivo de la energía solar, así elidiendo la destrucción de cualquier otra forma de vida.

Incógnita 4: ¿Cuan terribles resultaríamos para estos seres?                                     




martes, 31 de enero de 2017

Máquinas Salvajes V

V

Una de las explicaciones posibles de la presencia de la barba en el hombre como característica sexual secundaría es su función en la protección del cuello y la mandíbula, no de la mordida de la mujer necesariamente, sino de los golpes de otros machos, por eso su particular patrón de crecimiento: terminar con una mandíbula rota implicaba para el hombre primitivo el fastidio de morir de hambre, lenta y dolorosamente.
Otra de sus funciones, que también la aúna a las facultades de la melena en los leones, es la de ser señal de madurez sexual y dominancia, al aumentar el tamaño virtual de dicha mandíbula.

Observación 12: Son muy pocos los homínidos que se dignan a dejar de golpearse, afeitarse, y hablar con las mujeres.

La testosterona es la hormona responsable del comportamiento agresivo de los machos de todas las especies de mamíferos, y uno de los factores que contribuye al crecimiento del bello facial, el otro principal siendo la predisposición genética. La existencia de esta predisposición pone en evidencia que la barba es una característica secundaria mayoritariamente positiva a los ojos de la mujer: la mayoría de la gente puede crecer una barba porque es un rasgo deseable, que se ha ido dispersando y heredando en sucesivas iteraciones.
Desde la antigüedad nos llegan numerosísimos ejemplos de esta tendencia heredada por golpearse y crecer barbas.

Cita 2: Lupus est homo homini, non homo, quom qualis sit non novit. (Plauto: Asinaria) Lobo es el hombre para el hombre, y no hombre, cuando desconoce quién es el otro.
    
 La épica homérica ya nos cuenta sobre fabulosos guerreros barbados y su predisposición a la violencia semi-fortuita, que a través de sus dioses (también barbados) volvían de relevancia cósmica. Todo Troya es al fin y al cabo un complejo concurso de medición de barbas. O de espadas. O de lanzas. O de amor por las barbas o las espadas o las lanzas de los compañeros.
Curiosamente la etimología de la palabra bárbaro, de origen convenientemente griego, nada tiene que ver con la de barba, sino que surge de los desentendimientos con los persas, cuyo habla extranjero sonaba en oídos griegos como la repetición constante de la onomatopeya bar- bar. No sorprenderá a nadie entonces que la mayoría de las grandes guerras de la antigüedad griega solo hayan arrojado dos tipos de enemigos: los mismos griegos, o los Otros, los alienígenas, los persas.


    El recuento de cada uno de los Aqueos en cada una de sus 1186 naves no solo enumera hombres y mujeres, complejísimas máquinas biológicas, sino también potenciales máquinas de guerra. Depredadores de depredadores.
 

lunes, 23 de enero de 2017

Máquinas Salvajes IV

IV

La sensación más humana de los dientes mordiendo la carne será suficiente para entender la persistencia y el amplio conocimiento del curioso hábito de la mantis en el imaginario.
El macho, al intentar desmontase sería asido por la hembra con sus extremidades como guadañas, y recibiría, inmovilizado, el primer mordisco directamente en el rostro. Cierta lógica predatoria, aprendida o heredada de otros mamíferos, dictaría que la mordida primera se dirigiera al costado del cuello, allí donde late la vena yugular, buscando punzarla para terminar el forcejeo del macho lo antes posible. O siquiera al medio del cuello para, con la fuerza mandibular suficiente, sujetarlo con firmeza y quebrarlo en un rápido tirón. Apartarse de esta lógica deviene en varias alternativas menos mortales. Por proximidad debería morderse primero la nariz, asiéndola con firmeza con los dientes en paralelo al tabique nasal. Pero el desgarro de la estructura cartilaginosa lejos está de causar algún daño terminal.
Las alternativas inmediatas son los tejidos blandos, los parpados, los labios. Los parpados tienen la ventaja de estar atravesados por un gran número de vasos sanguíneos, sobre todo los superiores. Por ello su extirpación, si bien poco elegante, dejará al hombre efectivamente ciego si es acompañada con una mordida lo suficientemente profunda. Los labios por otro lado tienen la ventaja de estar saturados de terminales nerviosas. Son una excelente elección si el objetivo es hacer sufrir al hombre. Pero lo insectos perciben los cuerpos de manera diferente.

La mordida es bastante más difícil en un rostro humano, con sus 43 músculos horrorizados.  

Conclusión 5B: La vida siempre encuentra una forma, violentamente.
Conclusión 8B: El ser humano se ve a sí mismo en los animales. Y se devora. 

Máquinas Salvajes III

III

El acto reproductivo más traumático de todo el reino animal pertenece sin duda al afamado insecto religioso, o a la Mantis religiosa: otro insecto que se ha colado en el imaginario como figuración por excelencia de la “alienigenidad”. Habilísimo depredador de acecho que espera a su presa con las patas delanteras dobladas y juntas de forma tal que recuerda el acto de rezar, de donde toma su nombre.

Conclusión 8: El ser humano se ve a sí mismo en los animales. Y la mayoría de las veces se teme.

Prueba indubitable de que en los subterráneos países europeos el aspecto y la conducta de este insecto ha generado las mismas ideas son los nombres que recibe en otros idiomas, partiendo de que en ingles se le conoce como European mantis: Gottesanbeterin en germánico, gott siendo “dios” y anbeterin significando “adorador”. Prega-dióu en provenzal, y prie-dieu en francés, que también hace referencia al reclinatorio de iglesia, en todas las acepciones españolas siempre refiriendo al ruego, la plegaria o la meditación. Del latín mantis, y este del griego bizantino μάντις, antiguamente "adivino, profeta", de μαίνεςφαι, "estar fuera de sí", del protoindoeuropeo mn̥yo-, forma extendida de men-, "pensar".

Conclusión 9: En el contexto terrestre el ser humano es uno, indivisible.
Conclusión 10: Pensar es otra forma de hacerle frente a la violencia cósmica.


 
 
Tras la culminación del acto sexual, y en ocasiones antes, toma lugar la costumbre quizás más particular de la mantis: la decapitación del macho.

Cita 1: To the extent that Surrealism involved some kind of scientific research, the praying mantis could well stand as one symbol of its prime mystery or object of study.(The Edge of Surrealism: A Roger Caillois Reader)

La relativa rareza de este hecho no ofusca lo pintoresco de su ocurrencia. El macho asume, al momento de aparearse, que su vida queda en manos de la hembra, bastante más grande que él. Es un riesgo que tomara para tener la posibilidad de perpetuar sus genes. Si la escasez de alimento tiene a la hembra hambrienta, el macho será prontamente devorado para nutrirla.

Si tan solo alguien le hubiera avisado.

Incógnita 3: ¿Hay diferencia entre gula y lujuria?
Conclusión 11: En el reino animal terrestre la depredación y la sexualidad no se confunden. Solo lo hacen en la mente del hombre. 

martes, 3 de enero de 2017

Máquinas Salvajes II


    II

Pareidolia se llama al fenómeno psicológico por el cual se perciben imagines familiares en estímulos visuales aleatorios. Como ver animales en las nubes, o la cara de una persona en una meseta marciana. Como muestra la imagen tomada por la nave Viking 1 en 1976, mientras orbitaba Marte:

 

O en las formas de las flores de ciertas plantas terrestres, que parecen bailarinas u hombres desnudos, o pequeños y paliduchos alienígenas:


Incógnita 1: ¿Que saldría de la hibridación artificial de estas dos plantas? ¿Qué otras formas? ¿Brotes de bebes?

El ser humano ha desarrollado a tal punto su habilidad para reconocer patrones que muchas veces su mente se adelanta a la realidad.
Esta habilidad respondía y responde a la necesidad de interpretar rápidamente los rostros de los otros sujetos de la comunidad, en pos de facilitar las relaciones humanas. Su automatización llevó a la pareidolia.

Conclusión 6: Nuestras expresiones son nuestro primer idioma.

El ser humano como sujeto social se volvió entonces un experto en reconocer las intenciones de sus iguales a través de las distintas configuraciones de sus 43 músculos faciales. Este reconocimiento permitió exteriorizar con facilidad dos de las predisposiciones más vitales: a la amistad o a la enemistad. Ello aplicado principalmente, por supuesto, al hobby por excelencia del género humano: la reproducción.  

Conclusión 7: Nadie se enamora de alguien que no puede sonreír.
Incógnita 2: ¿Las flores se sonríen las unas a las otras cuando nadie las ve?