La
silla del escritorio es en realidad una vieja silla de mesa. De madera de
castaño, al contrario del roble del escritorio, está, en la parte del respaldo,
ligeramente más encorvada hacia atrás de lo que debería. El asiento, por su
parte, de cuero beige abotonado en los extremos, está en casi perfecto estado,
como si el descanso continuo de culos sobre él lo hubiese mantenido joven a través
del tiempo. La única herida es un corte minúsculo en el cuero casi en el borde
la silla, como si un culo vestido de jeans se hubiese levantado de golpe hace
muchos años, expectante. O quizás como si una mano de un niño, hijo del propietario de aquel culo, hubiese punzado
el cuero con una lapicera al quedar fuera de la vista de aquel, mientras ojeara
un libro. En todo caso la vieja silla, al igual que la miniatura de la Torre
Eiffel, es hija de un tiempo mejor.
VII El modelo del cerebro “triúnico” propone, para explicar su evolución, una división del cerebro en tres partes interdependientes, cada una con su propio tipo de inteligencia especializada en el control de ciertos comportamientos. El mal llamado “cerebro reptiliano” es una de estas divisiones (junto con el sistema límbico, o “cerebro paleomamífero” y el neocórtex), e incluye el tronco encefálico y el cerebelo, encargados, en primera instancia, del control de los músculos, el equilibrio y las funciones autonómicas (latir del corazón, respiración). Y, según el neurocientífico Paul D. MacLean, propulsor del modelo, encargados también de los comportamientos más básicos para la supervivencia: agresividad, dominancia, ritos de cortejo, territorialidad. MacLean encuentra, a través de la neuroanatomía comparativa, que la capa más primitiva o baja del cerebro humano tiene un análogo en la estructura del cerebro de los reptiles, en la que prima, y de allí le da su nombre. Si bien numero...
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