En
1888 pasaron pocas cosas memorables: un filósofo alemán escribió su última obra
y se internó por locura sifilítica, un impresionista se cortó una oreja, un
poeta nicaragüense le puso a su obra un nombre que también es un color, se
inventó el submarino y una rueda de goma, y hubo un terremoto flojito en el Río
de la Plata. Nada la gran cosa, y quizás de todas ellas, la más nimia es la que
mantiene a Ferdinand van Blue encerrado en su casa. Han nevado ciento veinte
centímetros en cuatro estados estadounidenses, y Connecticut se ha llevado la peor parte. Sumando a los vientos de
setenta kilómetros por hora no podía ni abrirse una ventana para ver el estado
de la situación, y la situación de Ferry (como lo llaman sus pocos amigos) no
podía ser, justamente, mucho peor.
VII El modelo del cerebro “triúnico” propone, para explicar su evolución, una división del cerebro en tres partes interdependientes, cada una con su propio tipo de inteligencia especializada en el control de ciertos comportamientos. El mal llamado “cerebro reptiliano” es una de estas divisiones (junto con el sistema límbico, o “cerebro paleomamífero” y el neocórtex), e incluye el tronco encefálico y el cerebelo, encargados, en primera instancia, del control de los músculos, el equilibrio y las funciones autonómicas (latir del corazón, respiración). Y, según el neurocientífico Paul D. MacLean, propulsor del modelo, encargados también de los comportamientos más básicos para la supervivencia: agresividad, dominancia, ritos de cortejo, territorialidad. MacLean encuentra, a través de la neuroanatomía comparativa, que la capa más primitiva o baja del cerebro humano tiene un análogo en la estructura del cerebro de los reptiles, en la que prima, y de allí le da su nombre. Si bien numero...
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