El
peso de una gota de agua separa a la hoja seca de su tallo. La hoja cae en ángulo
siguiendo la curvatura del redondel rojo de una señal de STOP, que un diminuto par de ojos color almendra miran sin ver,
ocupados como están por llegar a tiempo al trabajo. El auto dobla en perfecta
segunda y cruza velozmente el puente sobre el arroyo en el que está bebiendo un
perro. A trecientos metros otro perro que también bebía del arroyo intercepta
una botella que ve flotando. Algunas gotas de líquido oscuro salen volando de
su interior cuando el perro se sacude, y su fuerte olor lo obliga a dejar la
botella no muy lejos. Una bicicleta la pasa por encima y su rueda delantera
pronto apunta perpendicularmente al arroyo. La uña de uno de los dedos gordos de
los pies de quien pedalea finalmente rompe una de sus medias. Los colores de
las medias son los mismos que los de la mochila de Dragon Ball. Dentro de la mochila, dentro de un frasco de mermelada
con agujeritos, dentro de la araña allí encerrada que salta para todos lados,
los restos líquidos de una mosca matada con un repasador se absorben rápidamente.
Dentro de una de las casas por cuya vereda pasa la bicicleta se está leyendo “La
metamorfosis” de Kafka, y el lector sopesa los pros y los contras de que Gregor
no se hubiese transformado en otro insecto, por ejemplo, una mosca, o aún
mejor, una araña. El silbido de una pava lo interrumpe y no tarda mucho en
darse cuenta de que le está poniendo azúcar al mate, cuando a él le gusta
amargo. Media hora después se debatirá entre hacer el mate de nuevo o llamar a
un amigo. Cuando finalmente decida lo segundo habrá pasado la hora de la siesta
y demandará su atención un coro de toces.
VII El modelo del cerebro “triúnico” propone, para explicar su evolución, una división del cerebro en tres partes interdependientes, cada una con su propio tipo de inteligencia especializada en el control de ciertos comportamientos. El mal llamado “cerebro reptiliano” es una de estas divisiones (junto con el sistema límbico, o “cerebro paleomamífero” y el neocórtex), e incluye el tronco encefálico y el cerebelo, encargados, en primera instancia, del control de los músculos, el equilibrio y las funciones autonómicas (latir del corazón, respiración). Y, según el neurocientífico Paul D. MacLean, propulsor del modelo, encargados también de los comportamientos más básicos para la supervivencia: agresividad, dominancia, ritos de cortejo, territorialidad. MacLean encuentra, a través de la neuroanatomía comparativa, que la capa más primitiva o baja del cerebro humano tiene un análogo en la estructura del cerebro de los reptiles, en la que prima, y de allí le da su nombre. Si bien numero...
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